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Decision and Policy Analysis Research Area – DAPA

Luz, Cámara, Deforestación!

Autores: Laura Caceres y Sandra Cuadros

Editado por: Wendy Francesconi

Luego de cinco meses en Ucayali donde el sol es abrasador y las lluvias intensas, fuimos espectadores de los cambios que se están generando en este paisaje. Poco a poco la manta amazónica se convierte en un desierto, y es visible como la gente comienza a percibir las consecuencias de estos cambios.

Sandra Cuadros realizando encuestas a los habitantes de comunidades mestizas en Ucayali

Figura 1. Sandra Cuadros realizando encuestas a los habitantes de comunidades mestizas en Ucayali

Durante nuestro corto tiempo en la región, fue evidente la falta de comunicación y comprensión entre los ciudadanos de Pucallpa, los caseríos mestizos aledaños, y las alejadas comunidades indígenas. Esta falta de entendimiento se refleja en su distinta cosmovisión y sistema de valores. Dicha discrepancia hace que la convivencia en una misma región sea complicada e incluso confusa. A comparación de los caseríos mestizos y en Pucallpa, en las comunidades indígenas que visitamos se observa un mayor entendimiento del bosque y del paisaje. Pareciera existir una gradiente de conocimiento en la cual las comunidades más alejadas de la ciudad tienen una relación directa con su entorno natural, y por lo tanto, una mayor sensibilidad a este. Sin embargo, aunque todos los habitantes de Ucayali viven dentro de un paisaje que les brinda variados servicios ecosistémicos, los cuales debieran permitirles una relativa seguridad alimentaria y calidad de vida, en la actualidad las comunidades carecen de un manejo eficiente y sostenible de sus recursos naturales. Los cambios en el paisaje que se observan con fines agrícolas o de extracción no hacen parte de una estrategia socioeconómica para mejorar la calidad de vida de las personas a largo plazo. Por el contrario, las ganancias son de corto plazo y eventualmente serán superadas por los impactos negativos a futuro.

La ausencia de un plan de desarrollo sostenible se reflejada en las prácticas de extracción de madera. Si bien es cierto que existen los madereros ilegales, los cuales causan estragos ambientales al talar y cazar animales de forma indiscriminada, también están los madereros legales a los cuales se les otorgan concesiones forestales. Estas concesiones requieren que únicamente se extraiga madera de forma racional, es decir, que sólo se corten los árboles en el diámetro comercial adecuado dejando los demás en pie para que terminen de crecer y sean parte de una futura cosecha. En el caso de las comunidades indígenas, el presidente comunal hace acuerdos con empresas privadas para extraer la madera de sus territorios. En esos acuerdos se establece una suma de dinero para la comunidad por la venta de su madera. Sin embargo, raramente estas ganancias mejoran la calidad de vida de las comunidades indígenas. Entonces nos preguntamos, por qué las comunidades permiten la venta de sus recursos naturales y cuál es el precio real de la degradación y deforestación que se ge nera?

La entrada de dinero por la extracción de madera desde la implementación de la Ley N° 27308 en el año 2000 (Ley Forestal y de Fauna Silvestre), supone que deberían verse algunas mejoras en las comunidades indígenas en Ucayali. Sin embargo, después de convivir con algunas de ellas creemos que por el contrario, la venta de sus bosques solo genera más pobreza. En una comunidad en particular, se realizó la extracción de un volumen de casi 3, 000,000 m3 a través del POA N° 02 (Plan Operativo Anual, documento que especifica las especies georeferenciadas a extraer). No obstante, la inspección por el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR) encontró que el área a cosechar no tenía evidencias de extracción de madera, por lo tanto se presume que la empresa privada talo en una zona de extracción no autorizada. Debido a esta incongruencia, la comunidad indígena al ser titular en los permisos de extracción debe pagar una multa equivalente a S/. 186,879,00 (USD $6000 aproximadamente). Por otro lado, también existen comunidades mestizas que no tienen los derechos legales de los bosques aledaños, y por tanto, tampoco reciben los beneficios económicos de las concesiones por la venta de madera. Estas comunidades mestizas tienen como fuente principal de ingreso la venta de sus productos agrícolas, los cuales son bajos por los la falta de insumos y consecuentemente baja productividad. Una de estas comunidades se encuentra ubicada a lo largo de una franja a orillas del río Ucayali. En esta comunidad, entre los pocos productos que se pueden comercializar está el plátano, cuyo valor en el mercado no les permite mejorar su calidad de vida.

Se podría pensar que las condiciones en los caseríos cercanos a Pucallpa son mejores ya que han hecho uso de sus recursos madereros para adquirir riquezas, pero desafortunadamente esto no es cierto. En estos caseríos las concesiones forestales terminaron hace muchos años, y debido a un mal manejo la cobertura forestal se ha remplazado casi completamente por un paisaje agrícola. Los residentes actuales deben dedicarse a la agricultura como principal fuente monetaria para la compra de provisiones. Algunas comunidades se dedican exclusivamente a la siembra de palma ya que se han construido dos plantas procesadoras de aceite en la región, pero solo aquellos que tienen cinco o más hectáreas de palma pueden competir en la comercialización de este producto. La expansión de las plantaciones de palma sigue ocurriendo sin tener en cuenta que en los últimos años el precio por tonelada ha bajado considerablemente. En el caso de los productores con menos de cinco hectáreas disponibles para la agricultura, estos se ven obligados a trabajar como peones y utilizan sus tierras para sembrar productos de autoconsumo. También existen en Ucayali comunidades donde sólo se producen cítricos, pero el precio es tan bajo que prácticamente no se ven ganancias. Otras comunidades mayormente se dedican a la ganadería, pero debido a las condiciones del suelo los pastos no producen adecuadamente y los productores se ven obligados a alimentar al ganado con pastos menos eficientes. Las ganancias de las actividades agrícolas en las comunidades mestizas son mínimas, lo cual se refleja en sus condiciones de vida en general como la construcción de sus casas y en la calidad de su alimentación.

La utilización de la fauna silvestre es otro ejemplo que refleja la mala gestión de los recursos naturales. En las comunidades indígenas se puede encontrar una mayor cantidad de fauna silvestre que en zonas cercanas a Pucallpa. Sin embargo, tanto en las zonas cercanas a la ciudad como en aquellas más alejadas el síndrome de bosque vacío se puede percibir. Aunque exista una cobertura arbórea en alunas comunidades, mucha de la fauna nativa ya no existe. Esto puede ser corroborado por las personas que habitan las comunidades, ya que en su opinión cada vez hay menos fauna silvestre y cada vez están más lejos. La disminución de la fauna supone un aumento a la vulnerabilidad alimentaria de dichas comunidades, especialmente en las de río y aquellas indígenas por su baja producción agrícola y su mayor dependencia al bosque.

Si bien el efecto del bosque vacío o defaunación se siente en todas las comunidades estudiadas; tanto indígenas como caseríos; en los caseríos el efecto es más marcado. En estas comunidades cercanas a Pucallpa ya no existen animales grandes (de estrategia K) como son el tapir, el venado, los sajinos y huanganas. Por este motivo la cacería no representa una actividad recurrente, y el conocimiento sobre el manejo de las especies no parece ser valorado. En las comunidades indígenas y mestizas de borde de rio existe un mayor conocimiento y una mayor variedad de animales silvestres. Sin embargo, el uso de la fauna en estas no es sostenible. Además de la presión que la cacería ejerce sobre las poblaciones silvestres, la deforestación y cambio de uso de suelo causan un gran impacto sobre la perdida de hábitat, y por ende sobre la fauna. En términos generales, esta pérdida de fauna silvestre supondría una disminución de la calidad de vida en las zonas de estudio. Se esperaría encontrar una relación directa: a menor diversidad de fauna silvestre, menor calidad de vida. No obstante, en los caseríos cercanos a Pucallpa, cuya variedad de fauna silvestre es menor por la extinción local de la misma, la calidad de vida no necesariamente ha disminuido. Esto se debe a que la población depende más de sus actividades agrícolas y animales domésticos, además de tener mayor acceso a mercados y otras actividades económicas. La carencia de fauna silvestre y la degradación del bosque no se perciben como un problema en estas comunidades.

Se pueden hacer argumentos a favor o en contra la disminución o incremento en la calidad de vida como consecuencia de la deforestación para las comunidades en Ucayali. Por un lado, el acceso a tecnologías e innovaciones es mayor a medida que estas comunidades adoptan un concepto de sociedad occidental. Sin embargo, su conocimiento y uso ancestral de los recursos naturales disminuye. Un ejemplo son los materiales para la construcción de las casas. Antes, se conseguían y se escogían del bosque las maderas más duras y resistentes a la humedad y al ataque de insectos (por ejemplo el “huacapú” Minquartia guianensis), como también las hojas de palma para los techos (de especies como “shebón” Attalea racemosa). En pocas palabras la calidad de las viviendas era mejor. Hoy en día estas maderas son escasas y costosas. Especies para la construcción de casas han sido removidas y no se encuentran en los bosques más cercanos. Los pobladores ahora se ven obligados a utilizar y aserrar maderas de baja calidad o que antes no se utilizaban (como por ejemplo “frente de toro” Tachigali tessmani).

Otro ejemplo es el acceso a los centros de salud. Como los centros antes quedaban lejos, el uso e identificación de plantas medicinales era de común conocimiento. Actualmente, información sobre la utilidad de plantas medicinales parece haberse perdido entre los miembros de la comunidad más jóvenes (menores de 30 años). La pérdida de este conocimiento puede estar ocurriendo por la presencia de puestos de salud y un respectivo cambio de paradigma en la comunidad. Los jóvenes han perdido el interés por estos temas y porque el acceso al bosque natural para conseguir las cortezas y hojas es más dificultoso. Esto nos hace cuestionar si el desarrollo y su inevitable impacto en la reducción de recursos naturales están realmente mejorando la calidad de vida de sus habitantes? Por lo que pudimos apreciar ahora existen más centros de salud, pero no nos queda claro si realmente ha disminuido la tasa de mortalidad? (según los registros, en el año 2002 hubo 8 muertes maternas mientras que en el 2007 hubo 11 muertes; la tasa de mortalidad infantil en el 2003 fue de 16.8 por cada 1000 nacidos vivos, y en el 2006 fue de 25.1). Nos preguntamos si con la deforestación ha aumentado la esperanza de vida en la región? Si ha disminuido la desnutrición? Si ha bajado la incidencia de enfermedades? O por ejemplo, aunque ahora algunos cuentan con acceso a gas para cocinar, no sabemos si lo utilizan porque realmente es mejor? menos costoso? o porque la mejor leña (“capirona” Calycophyllum spruceanum, “shihuahuaco” Dipteryx odorata) ya no está a su alcance? Lo que nos es evidente es que después de convivir con a las comunidades de Ucayali, nuestras investigaciones nos generan las preguntas que respuestas.

Figura 2. Laura Caceres con asistentes de investigación en una comunidad indígena de Ucayali

Figura 2. Laura Caceres con asistentes de investigación en una comunidad indígena de Ucayali

Nuestros cinco meses en Ucayali fueron una mirada corta a un mundo que rápidamente está cambiando. El paisaje y la gente de la región se transforman para adoptar una realidad desarraigada de su entorno natural. Los habitantes tanto mestizos como indígenas parecieran renunciar a su riqueza cultural y ecológica para ser clasificados dentro de un marco conceptual de pobreza. Sin embargo, este proceso de degradación y adopción ya sea consciente o no, parece ser bienvenido por las comunidades dado el creciente anhelo de escalar posición y alcanzar la noción comercializada de desarrollo. A medida que las comunidades de la región se integran a una sociedad “moderna”, como espectadores solo nos queda tratar de evaluar el costo real de lo que llamamos progreso.

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